Pero Dios da gracia al humilde, sobre él derrama su favor, belleza y bendición. Le abrirá el camino y tendrá fuerzas del Señor; pero al soberbio toda puerta se le cerrará.
“Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios”

Los cielos son para la tierra y nada en la tierra es para el cielo.
La tierra es para el hombre y el hombre es para Dios.
Este es el propósito del Señor, ganar la humanidad.
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